
La
Visión del Caraqueño
Capítulo 1- Cuentos Urbanos – Jessica Cedeño
____________________________________________
Queridos compatriotas, ésta columna reflejará las peripecias del caraqueño en sus momentos de esparcimiento en el interior, y quien mejor que la autora de la columna para servir como conejillo de indias en ésta primera edición.
Érase una vez, alguien ignorante de la vida en el interior, es decir yo, que desde pequeña siempre aborrecí un hígado, una sopa de res, y nunca pude ni podré entrar a la sección de venta de carnes del mercado de Quinta Crespo, porque de sólo pensar en el olor aún me provoca vomitar, el asco a la sangre y a ver las cabezas de animales, me hacen pensar lo que no me gusta y que no quiero comprender, pero en ese mismo sentido, los niños caraqueños tampoco saben ni van a saber sino cuando tengan cierta edad, de donde proviene la comida, cuando vean los videos crudos de la globalización, del sistema de mataderos y conozcan sobre el veganismo, se darán cuenta y tendrán su propia concepción de la vida en el interior. Es precisamente por querer a los animales, por ser inocentes al sistema al cual están expuestos en donde debes comer lo que tu mami “te pone” por tener las supuestas proteínas, vitaminas y minerales que el cuerpo necesita, pero en fin los caraqueños somos criados en urbanización, ¿Qué vamos a saber nosotros de animales si estamos en un llano de pavimento? única y exclusivamente si se tiene algún familiar para poder utilizar “la sabiduría del alimento”, alguna experiencia para aprender a cocinar, o se metió en una página web y miente diciendo “soy chef”.
Las verdades crudas no serán sacadas a luz, pero al menos causa de gracia serán, soy caraqueña 100%, mis raices culturales están en Margarita y mis raíces de joda familiar están en Valencia, sin embargo soy de poco salir, y eso es lo peor, no conozco ni el 10% de Venezuela, pero por supuesto, protegida de todo aquello tan bonito de mi país, con una enfermedad precisamente de baja inmunología al sol, a todo lo que me genere calor, a la picadura de insecto, alergia a algunas plantas, a ciertas comidas y a especias como el picante, debo llevar a todas partes mi propia comida, así sea enlatados, galletas de soda, verduras y demás, nunca ingiero las comidas locales y que se vean “sabrosas” para algunos pero espantosas para otros, porque de seguro deben haber notado que el estómago caraqueño no es el mismo de alguien perteneciente al sitio al que van, porque termina enfermo, pegado en un baño o haciendo en el monte.
Todos tienen historias, y cada historia tiene su fondo, cuando tenía 8 aprendí que mi animal favorito (el loro) tiene muchas vitaminas,y más fue la impresión de ver a joseito tendido y muerto e imaginarme que fue al cielo que pensar que se podía comer, igualmente fui para la casa de un tio, no recuerdo el estado, donde comí lapa y hasta el día de hoy no he ingresado a internet para no saber como es su forma física, hay cosas de las que me coibo para comer, ciertamente se preguntarán ¿y qué comes tu? O ¿Qué dices y haces cuando te ofrecen comer carne, o peor, por ser educada, lo rechazas o te lo comes?¿qué haces?, sencillo “no me lo puedo comer”, “no tengo hambre”, “me duelen las muelas”, “no como carne”, e incomprensiblemente me llevo la contraria comiendome un caraqueño y vulgar perro caliente, pero es la costumbre, apuesto a que todo sería diferente si no hubiera nacido en Caracas.
Próximo Capítulo : La Roncha
No hay comentarios:
Publicar un comentario