La
Visión del Caraqueño
Cuentos Urbanos – Jessica Cedeño
Ésta columna reflejará las peripecias del caraqueño en sus momentos de esparcimiento en el interiory viceversa, todos son escritos de la cruda realidad pero considerenlo algo más que el reflejo de lo que no hemos visto, leído y/o contado, algo refrescante para la mente obstruida. La mayoría de estas historias son personales para un fin de humor y algunas veces de reflexión.
Capítulo 4: Futuros carnavales con bombitas de cemento
En Caracas los carnavales han sufrido un terrible cambio desde comienzos del siglo XX, hasta nuestros días. Los juegos que han sido celebrados en nuestros pueblos con disfraces, comparsas y papelillos se convierten en víctimas de los cambios de las comunidades que se llaman “urbanizadas”.
En los colegios y liceos, la situación es grave: al finalizar un estudiante su horario de clases, el enfrentamiento para salir de la institución es totalmente un desafío, debido a que no solo es agua, sino toda una gama de mercado y de armas acuáticas: pistolas de agua, bombitas congeladas, tomates, huevos, naranjas, conchas de otro tipo de fruta y otros materiales orgánicos, cuando antes solo se llenaba un tobo gigante con muchas bombitas inofensivas y el arma más intensa que se tenía era la manguera, descalzos en plena calle principal, del pueblo que fuese.
La actividad cultural ha sido totalmente transformada a una situación brusca de deleite masoquista personal. Como por ejemplo en el centro de Caracas, el desastre se concentra en los edificios, debido a que los muchachos de hoy en día esperan lanzar hasta pinturas mezcladas con peras y remolachas podridas, lo más antihigiénico posible, capaz y no lanzan del 1, del 2, del 3 o del 4, todo esto con la intención de pegarle a personas bien arregladas, laborales, deportivas y los calvos son el centro, aquellos que tienen una diana sobre la cabeza que dice “lancen lo que quieran”; así como también a mujeres maquilladas y peinadas que no solamente se dirigen al trabajo si no que quieren verse bonitas como cualquier otro día.
En el 2003 existían los llamados escuadrones o patotas de estudiantes de cuatro o cinco liceos armados de huevos y tomates, la misión de ellos era acabar a cualquier persona por sentimientos ofensivos o por “simple diversión”.
Ahora lo divertido está en tragarse la espuma ajena de los que están jugando con ella, es lamentable pero cierto, comprobado en el 2012.
El carnaval como cultura debería estar colmada de respeto, aún cuando la burla es el festejo principal, el exceso de estas reacciones ofensivas ha hecho que se desarrollen las “Técnicas de súper defensa personal” que consiste en llevar; gas pimienta, paraguas, ponchos, y protectores para la piel. Menos mal que en el interior del país todavía se rescatan decentemente los carnavales, que aunque no son originalmente parte de nuestra cultura, motivan a los niños a disfrazarse y a festejar con disfraces realizados con ideologías venezolanas. Lo que hace la transculturización.
Las personas que realizan las operaciones mortales del carnaval, no toman en consideración a los niños disfrazados que van con sus representantes caminando en un sitio determinado; por ésta y muchas razones se deben retirar dichas formas masoquistas de cómo el carnaval se está disfrutando, para que éstas personas no salgan heridas; más que todo los niños que quieren divertirse y no pueden hacerlo porque esos juegos son peligrosos. Y menos en las plazas colmadas donde no entra ni un alma más, las mismas personas que no tienen nada que ver con el carnaval y tienen que quedarse encerrados en sus casas, pobre gente sin salir, solamente con 570 canales, están más atrofiados que los mismos atrofiadores físicos carnavalezcos.
Con este peligro, los carnavales desde el año 2002 pasando por el 2012 hasta los años que siguen, serán aún más peligrosos, por ende es necesario que no bajen la guardia con estos convictos carnavaleros, porque una vez más su estrategia de acorralar a lo(a)s estudiantes en un liceo y de ingresar a hacer regueros en las casas de estudio, los hace gozar de plena alegría y de conmoción al saber que podrán jugar sus mortíferos carnavales por tres o cuatro días en los cuales cierran los planteles, entonces esto es un motivo más para que cierren los liceos y colegios por la violencia que existe, pero cuando vemos la verdad no es por la violencia es para más días de inactividad.
Se cree que en el año 2020 las bombitas serán de cemento, puesto que el aumento de violencia y de masoquismo será mayor, pero a Momo no le interesa, primero prohibieron los fuegos artificiales en navidad, después la espuma y pronto el papelillo, ahora con qué nos van a salir estos “niños” de 18 años, ¿con pétalos de rosas?. ¡Cuídese! ¡Pórtese bien! Todavía queda la dichosa “octavita”. Salga y diviértase, no se vuelva ñoña, cuide a sus niños y pase un carnaval felizmente embarrado, digo... Mojado, y recuerde que en otros días del año se puede disfrazar, todavía se es niño, pero no sea infantil, demuestre que puede celebrar un carnaval saludable y prospero sin convertirse en agresor carnavalero.
Próximo Capítulo: Abono orgánico

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