La
Visión del Caraqueño
Cuentos Urbanos – Jessica Cedeño
Ésta columna reflejará las peripecias del caraqueño en sus momentos de esparcimiento en el interior y viceversa, todos son escritos de la cruda realidad pero considerenlo algo más que el reflejo de lo que no hemos visto, leído y/o contado, algo refrescante para la mente obstruida. La mayoría de estas historias son personales para un fin de humor y algunas veces de reflexión.
Capítulo 5: El Abono Orgánico
Bienvenidos, en esta edición les hablaré de un tema muy cierto pero muy gracioso. Normalmente cuando decimos abono orgánico, inmediatamente se piensa en animales, en tierra, en mezcla para siembra y en reciclaje orgánico, pues bien, para que se sientan jóvenes una vez más, hagamos una regresión en el tiempo y traten de acordarse de los temas que solían ver en biología y echen coco al tema de la lombriz.
Cuando se pasa por 1ero, 2do y 3er año, uno tiende a tener compinches, sean hombres o mujeres, pudieran haber sido de un grupo de esos que para la edad no tenían nada que ver con política, como los cerebritos, los echones, las sifrinas, los gafos y pare de contar, en mi caso era la típica fea que andaba con feas y que no le importaba si habían sobrenombres o no.
El abono orgánico es uno de los últimos temas que se da en la biología típica de la rama de la ciencia de 4to año, la siembra y los conocimientos de la misma se realizan como trabajos voluntarios, de esparcimiento donde salen las chicas gritando porque le muestran una lombriz de tierra, que se ensucian y es el día donde se empeñan en alisarse el cabello, etc, etc, etc; eso es muy normal, verán, yo tenía una amiga- compinche y compañera de clases con la que solía hacer todas las tareas y nunca me gustaba que se burlaran de ella, pero ella me decía que no le parara, fino no les paré.
El día en que la profesora de ciencias, “cabeza e' planeta” nos introdujo al tema del abono orgánico, todos estaban callados, sin bromearse, sin burlarse, sin ser los ignorantes y brutos que para esa edad la inmadurez es bastante arraigada a ese mismo estilo de:”con quien me paso es como me debo ver”, bueno, ese día fue el último día que estuve con ella.
Eran las 4:00 PM, faltaba una hora para salir, la profesora habla sobre el abono y manda tarea para la casa, en ese minuto entra el suspenso, ¿qué mandará?, todos esperando el momento para la guachafa, puesto que a mi amiga Lissette, quien ya había decidido cambiarse de salón, no aguantó la burla, y yo tampoco, sencillamente me reí, siempre he sido una persona seria, pero ese día no aguanté, tenía que reírme, su apariencia, su forma de caminar, la forma de hablar y todo en sí su ser, era igual a lo que la profesora había mandado de tarea, incluso su sobrenombre era ese, pero lo peor fue la reacción de no poder hacer nada por la integridad de la pobre, y aquel grito desolado: es Lissette es Lissette, investigala!, y por supuesto la cara de la profesora fue todo un poema, han pasado 9 años de aquello, y todavía lo recuerdo, lombricus de tierra, que nombre para un estilo de gusano que hace mucho por la siembra y que sobrenombre para alguien que no tiene la culpa de parecerse, lo único es que los alumnos a esa edad no sabemos que ese nombre existía.
Lo último que supe de ella es que está casada, es una hermosa profesora y vive en otro país.
Siempre se cuentan historias reflexivas y cómicas, pero la cruda realidad es que siempre tienes un abono orgánico al lado y no sabes lo maravilloso que es.
Próximo Capítulo: Del metro al ferro

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