martes, 10 de abril de 2012

La Visión del Caraqueño

La Visión del Caraqueño
 Cuentos Urbanos – Jessica Cedeño



Ésta columna reflejará las peripecias del caraqueño en sus momentos de esparcimiento en el interior y viceversa, todos son escritos de la cruda realidad pero considerenlo algo más que el reflejo de lo que no hemos visto, leído y/o contado, algo refrescante para la mente obstruida. La mayoría de estas historias son personales para un fin de humor y algunas veces de reflexión.

Capítulo 5: El Abono Orgánico

Bienvenidos, en esta edición les hablaré de un tema muy cierto pero muy gracioso. Normalmente cuando decimos abono orgánico, inmediatamente se piensa en animales, en tierra, en mezcla para siembra y en reciclaje orgánico, pues bien, para que se sientan jóvenes una vez más, hagamos una regresión en el tiempo y traten de acordarse de los temas que solían ver en biología y echen coco al tema de la lombriz.

Cuando se pasa por 1ero, 2do y 3er año, uno tiende a tener compinches, sean hombres o mujeres, pudieran haber sido de un grupo de esos que para la edad no tenían nada que ver con política, como los cerebritos, los echones, las sifrinas, los gafos y pare de contar, en mi caso era la típica fea que andaba con feas y que no le importaba si habían sobrenombres o no.


El abono orgánico es uno de los últimos temas que se da en la biología típica de la rama de la ciencia de 4to año, la siembra y los conocimientos de la misma se realizan como trabajos voluntarios, de esparcimiento donde salen las chicas gritando porque le muestran una lombriz de tierra, que se ensucian y es el día donde se empeñan en alisarse el cabello, etc, etc, etc; eso es muy normal, verán, yo tenía una amiga- compinche y compañera de clases con la que solía hacer todas las tareas y nunca me gustaba que se burlaran de ella, pero ella me decía que no le parara, fino no les paré.

El día en que la profesora de ciencias, “cabeza e' planeta” nos introdujo al tema del abono orgánico, todos estaban callados, sin bromearse, sin burlarse, sin ser los ignorantes y brutos que para esa edad la inmadurez es bastante arraigada a ese mismo estilo de:”con quien me paso es como me debo ver”, bueno, ese día fue el último día que estuve con ella.

Eran las 4:00 PM, faltaba una hora para salir, la profesora habla sobre el abono y manda tarea para la casa, en ese minuto entra el suspenso, ¿qué mandará?, todos esperando el momento para la guachafa, puesto que a mi amiga Lissette, quien ya había decidido cambiarse de salón, no aguantó la burla, y yo tampoco, sencillamente me reí, siempre he sido una persona seria, pero ese día no aguanté, tenía que reírme, su apariencia, su forma de caminar, la forma de hablar y todo en sí su ser, era igual a lo que la profesora había mandado de tarea, incluso su sobrenombre era ese, pero lo peor fue la reacción de no poder hacer nada por la integridad de la pobre, y aquel grito desolado: es Lissette es Lissette, investigala!, y por supuesto la cara de la profesora fue todo un poema, han pasado 9 años de aquello, y todavía lo recuerdo, lombricus de tierra, que nombre para un estilo de gusano que hace mucho por la siembra y que sobrenombre para alguien que no tiene la culpa de parecerse, lo único es que los alumnos a esa edad no sabemos que ese nombre existía.

Lo último que supe de ella es que está casada, es una hermosa profesora y vive en otro país.

Siempre se cuentan historias reflexivas y cómicas, pero la cruda realidad es que siempre tienes un abono orgánico al lado y no sabes lo maravilloso que es.

Próximo Capítulo: Del metro al ferro

La Visión del Caraqueño

La Visión del Caraqueño
 Cuentos Urbanos – Jessica Cedeño




Ésta columna reflejará las peripecias del caraqueño en sus momentos de esparcimiento en el interiory viceversa, todos son escritos de la cruda realidad pero considerenlo algo más que el reflejo de lo que no hemos visto, leído y/o contado, algo refrescante para la mente obstruida. La mayoría de estas historias son personales para un fin de humor y algunas veces de reflexión.

Capítulo 4: Futuros carnavales con bombitas de cemento

En Caracas los carnavales han sufrido un terrible cambio desde comienzos del siglo XX, hasta nuestros días. Los juegos que han sido celebrados en nuestros pueblos con disfraces, comparsas y papelillos se convierten en víctimas de los cambios de las comunidades que se llaman “urbanizadas”.

En los colegios y liceos, la situación es grave: al finalizar un estudiante su horario de clases, el enfrentamiento para salir de la institución es totalmente un desafío, debido a que no solo es agua, sino toda una gama de mercado y de armas acuáticas: pistolas de agua, bombitas congeladas, tomates, huevos, naranjas, conchas de otro tipo de fruta y otros materiales orgánicos, cuando antes solo se llenaba un tobo gigante con muchas bombitas inofensivas y el arma más intensa que se tenía era la manguera, descalzos en plena calle principal, del pueblo que fuese.
La actividad cultural ha sido totalmente transformada a una situación brusca de deleite masoquista personal. Como por ejemplo en el centro de Caracas, el desastre se concentra en los edificios, debido a que los muchachos de hoy en día esperan lanzar hasta pinturas mezcladas con peras y remolachas podridas, lo más antihigiénico posible, capaz y no lanzan del 1, del 2, del 3 o del 4, todo esto con la intención de pegarle a personas bien arregladas, laborales, deportivas y los calvos son el centro, aquellos que tienen una diana sobre la cabeza que dice “lancen lo que quieran”; así como también a mujeres maquilladas y peinadas que no solamente se dirigen al trabajo si no que quieren verse bonitas como cualquier otro día.





En el 2003 existían los llamados escuadrones o patotas de estudiantes de cuatro o cinco liceos armados de huevos y tomates, la misión de ellos era acabar a cualquier persona por sentimientos ofensivos o por “simple diversión”.
Ahora lo divertido está en tragarse la espuma ajena de los que están jugando con ella, es lamentable pero cierto, comprobado en el 2012.

El carnaval como cultura debería estar colmada de respeto, aún cuando la burla es el festejo principal, el exceso de estas reacciones ofensivas ha hecho que se desarrollen las “Técnicas de súper defensa personal” que consiste en llevar; gas pimienta, paraguas, ponchos, y protectores para la piel. Menos mal que en el interior del país todavía se rescatan decentemente los carnavales, que aunque no son originalmente parte de nuestra cultura, motivan a los niños a disfrazarse y a festejar con disfraces realizados con ideologías venezolanas. Lo que hace la transculturización.

Las personas que realizan las operaciones mortales del carnaval, no toman en consideración a los niños disfrazados que van con sus representantes caminando en un sitio determinado; por ésta y muchas razones se deben retirar dichas formas masoquistas de cómo el carnaval se está disfrutando, para que éstas personas no salgan heridas; más que todo los niños que quieren divertirse y no pueden hacerlo porque esos juegos son peligrosos. Y menos en las plazas colmadas donde no entra ni un alma más, las mismas personas que no tienen nada que ver con el carnaval y tienen que quedarse encerrados en sus casas, pobre gente sin salir, solamente con 570 canales, están más atrofiados que los mismos atrofiadores físicos carnavalezcos.
Con este peligro, los carnavales desde el año 2002 pasando por el 2012 hasta los años que siguen, serán aún más peligrosos, por ende es necesario que no bajen la guardia con estos convictos carnavaleros, porque una vez más su estrategia de acorralar a lo(a)s estudiantes en un liceo y de ingresar a hacer regueros en las casas de estudio, los hace gozar de plena alegría y de conmoción al saber que podrán jugar sus mortíferos carnavales por tres o cuatro días en los cuales cierran los planteles, entonces esto es un motivo más para que cierren los liceos y colegios por la violencia que existe, pero cuando vemos la verdad no es por la violencia es para más días de inactividad.

Se cree que en el año 2020 las bombitas serán de cemento, puesto que el aumento de violencia y de masoquismo será mayor, pero a Momo no le interesa, primero prohibieron los fuegos artificiales en navidad, después la espuma y pronto el papelillo, ahora con qué nos van a salir estos “niños” de 18 años, ¿con pétalos de rosas?. ¡Cuídese! ¡Pórtese bien! Todavía queda la dichosa “octavita”. Salga y diviértase, no se vuelva ñoña, cuide a sus niños y pase un carnaval felizmente embarrado, digo... Mojado, y recuerde que en otros días del año se puede disfrazar, todavía se es niño, pero no sea infantil, demuestre que puede celebrar un carnaval saludable y prospero sin convertirse en agresor carnavalero.


Próximo Capítulo: Abono orgánico

La Visión del Caraqueño

La Visión del Caraqueño
 Cuentos Urbanos – Jessica Cedeño





Ésta columna reflejará las peripecias del caraqueño en sus momentos de esparcimiento en el interior y viceversa, todos son escritos de la cruda realidad pero considérenlo algo más que el reflejo de lo que no hemos visto, leído y contado, algo refrescante para la mente obstruida, la mayoría de estas historias son personales para un fin de humor y algunas veces de reflexión.

Capítulo 3: El Hermoso animal

Andaba por el camino hacia la universidad, en esos días cuando aún estudiaba, mirando al piso, tratando de no pisar las ranuras del piso, separaciones y alcantarillas como siempre, recuerdo que iba tarde, ya estaba indignada en que no tenía asistencia, eran las 8:30 am y caminaba lento hasta la parada del autobús, cuando me subí a una camionetica pequeña, (como me enerva esa palabrita “camionetica”, aunque no se le puede llamar autobús a eso; hay que llamarlo por su nombre camionetita, por que es una camioneta no una camioneca), pero en fin, iba muy nula y muy aburrida, sentada en el asiento de la rueda de la camionetita cuando de repente entra algo por la ventana, revolotea, se estrella y cae al piso oxidado y sucio, no sabía que era pero me impresionó.

A los minutos comencé a preguntarme si se había dado duro, dónde estaba, si estaba bien, y qué era, porque de verdad lo máximo que llegué a razonar era el tamaño, que entraba en la palma de la mano y la podía cerrar sin fuerza, sobresaldría algo pero no iba a ser su cuerpo ni sus patas.

Andaba un poco cargada con el bolso grande, sin quitármelo de los brazos traté de voltear a ver donde estaba, todavía no subía nadie, el transporte andando y no le paraba mucho por donde íbamos, así que baje un poco más para ver debajo de los asientos, estaba pendiente del hermoso animal, se preguntarán ¿porqué hermoso si no lo llegaste a ver?, bueno, sencillamente hubo un momento cuando entró que pude ver sus colores, ni si quiera he visto uno así en el monte o donde mis abuelos, primera vez que veo ese animal, asumí desde un principio que no podía ser un ave por su color y tamaño, y deduje que era un insecto, más grande que un cigarrón, más largo que una cucaracha y más bonito que un escarabajo negro tornasolado.

Pude verlo mejor, ¡era hermoso!, las alas que había visto, era la capa de ellas, así como la mariquita abre sus capas para sacar las alas que tiene debajo, de esas, y las de abajo eran aún más hermosas todavía, por que eran claritas, como en cuentos de hadas, las alas trasparentes con figuras raras pero bonitas, y me preocupé aún más si la podía o no ayudar, no sabía si era macho o hembra, si me iba a picar o no, pero ya estaba por llegar, me despedí del insecto llamativo y bajé, supe que estaba bien cuando le vi caminando, así que no tenía por que estar y seguir embobada y preocupada por el insecto, que ironía, detesto los mosquitos, todo insecto que vuele, que me camine, que pique y que persiga, pero debo aclarar que no es asco es miedo, siempre termino picada y soy alérgica a eso.

Como envidio a esos niños del campo que tienen por juego ver y perseguir insectos, que saben cual si y cual no pueden agarrar, pero estoy segura que no es fácil de conseguir, por eso la impresión, ¿cuándo se puede ver un insecto con esas características en la ciudad?, tal vez una tara, una chicharra, un cigarrón, y como siempre la temible cucaracha, pero ese día supe que era algo especial, muchas cosas hermosas del campo vienen a parar a la ciudad y si los árboles no han muerto, insectos así sobrevivirán.

Allí, cuando me despedí le dije, que estés bien hermoso animal, nos vemos en otra vida si es que la hay, se podrán imaginar la cara del conductor, y ¡bueh! hasta ahora todavía no se el nombre científico y específico del insecto, pero de algo estoy segura es que todos los insectos que son hermosos son venenosos, así también son los seres humanos, por eso siempre lo recuerdo, pero quería que quedara por escrito, que “aunque todo es muy bonito siempre tendrás un hermoso animal al que pensar y recordar”.

Próximo Capítulo: Futuros carnavales con bombitas de cemento

La Visión del Caraqueño

La Visión del Caraqueño
 Cuentos Urbanos – Jessica Cedeño




Ésta columna reflejará las peripecias del caraqueño en sus momentos de esparcimiento en el interior y viceversa, todos son escritos de la cruda realidad pero considérenlo algo más que el reflejo de lo que no hemos visto, leído y contado, algo refrescante para la mente obstruida, la mayoría de estas historias son personales para un fin de humor y algunas veces de reflexión.

Capítulo 2- La Roncha

Buenas, buenas, es como se saludan en Caracas, meramente para no tener que pasar por cada persona y saludar propiamente con un besito; esa es una de las condiciones para ser caraqueño, ser en algunos aspectos o en todos algo flojo, no se ofendan al leerme, pues el sentido al que me refiero de la definición de flojo, es que flojo es distinto de holgazán o mamarracho, el venezolano algunas veces llega a ser holgazán, pero también puede ser un poco pila, más bien rolo e' vivo, así que unos son holgazanes y mamarrachos, otros embusteros, ridículos, mete excusas, mojoneros y demás, pero esa lista es larga y no crean que las mujeres no entran allí, están todos y todas a la par en cuanto a la flojera diaria.

Si muy bien saben que el trabajo de oficina no es el mismo que el del campo; el clima, la actividad, el estress, la vida cotidiana, el transporte, las comodidades y el quehacer de cada día; que son esos elementos con los que uno se suele aburrir y que entran en el juego vicioso de la rutina, la costumbre y el fastidio influyente y consecuente de nuestras acciones en la vida, son características determinantes en la flojera de cada quien, pero ¿Qué podemos hacer?, si la crianza y lo que se tiene es lo que los hace ser así, no hay remedio y no hay solución, solo disfrutarlo, aprender y reírse de ello.

Existen muchas diferencias entre vivir en el campo y vivir en la ciudad, porque el flojo que trabaja por hacer las cosas rápido, se estresa en la ciudad, tiene pereza de lo que hace todos los días y cuando va al campo, así sea exclusivamente para visitar, pasa roncha sin hacer nada, en cambio el que vive en el campo trabaja con tranquilidad, a su ritmo, se estresa cuando hace diligencias en la ciudad, porque no le gusta, ama su monte, puede pasarla bien y busca sentirse cómodo como en casa, pero ¡que va! Caracas es Caracas y lo demás es monte y culebra, ellos aman su monte y el otro ama el pavimento, así es y así será.

Una de esas diferencias entre el caraqueño y el campesino, o el andino, y otros más, que no se puede dejar pasar es que si no es de Caracas (a excepción de algunos ya urbanizados) es un ser muy inocente, tan inocente que viene a Caracas y es fácil de manipular, pero así como ellos son fáciles de manipular, los caraqueños son fáciles de torturar, porque cuando una persona caraqueña se dirige a cualquier zona del país, tiende a pasar las mil y una; pues por si sola la naturaleza les hace pasar la roncha milenaria, por no ser, vivir o pertenecer a esos pueblos del interior, y sencillamente se lo merecen, porque no están acostumbrados a eso; hay que estar claros, en esos sitios pasamos trabajo sin realizar trabajos, queda demostrada la plena flojera ante los ojos de cualquiera, que el trabajo de oficina es inferior al trabajo de campo, lo único que lo diferencia es la tolerancia y la paciencia, entonces no se hace nada comparado con la gente que trabaja la tierra, y es más cansón para el del pavimento aguantar la pepa de sol y muchas cosas más, que estar en el ajetreo citadino constante.

Cuando uno está en la cama del campo el primer día, ve las luciérnagas y escucha a las chicharras y dice: “ay! Que fino!”, y con los ojos bien pelaos, pasado los 15 min dice: ¡Cállense, quiero dormir! (palabras no textuales y no bonitas); lo pican los zancudos, la medio almohada y el colchón incómodo, la soledad, el silencio de la profundidad infinita de aquel espacio abierto, aquel calorón o el mamarro e' frío, según sea el sitio, se vuelve loco, se sienta, algo le pasa por los pies, se asusta, sube los pies, brinca y dice: ¡Mierda!, y al fondo escucha: “eso jue un mapurite, un animalito muy común por esta zona”, y después escucha aquella leyenda llanera, andina... etc, etc, etc. de los espíritus del sitio que cuentan los dueños de la casa, y chorreao con el olor de mapurite en el cuarto, ¡no se puede dormir!, ¡toma 7 tasas de café!, del café que no se quería tomar, se sienta y hay cucarachas o escarabajos y chicharras alrededor, no puede salir porque hay culebras afuera, y pare de contar las infinitas torturas, pobrecito, es lamentable pero roncha es roncha.

Todo lo que pasa cuando no está en su camita con su colcha o sábana, que no rechina, con toda la contaminación en donde no se ve sino la misma estrella de todos los días, descalzo, en pelotas, con aire acondicionado, el mismo perrito de al lado ladrando, el agua bien friíta de la nevera, el microondas y finalmente la mega ducha y la poceta de porcelana marca wachuwachu yeah que compró en una tienda hyper mega guao; bueno... esa es la manera más sensata de decir, que cagada; las raíces de uno saben qué es un árbol de onoto, qué se hace con eso, cuáles son sus funciones y el que pelea con la naturaleza es el hombre, para lograr conseguir esa estabilidad en el mar de stress que carcome desde adentro llamado “Lujos” que quita el sueldo y a veces a los que más necesitan de uno, pues están sentados en una computadora googleando estupideces, totalmente enajenados a la realidad, muy bien, sigan así porque así seguirán el resto de su vida, totalmente “urbanizados”.

Simplemente es triste pero cierto una vez que te urbanizas tiendes a ser más flojo, a tener más ropa, sigues siendo un animal, con semiclase pero animal al fin, con la tecnología de punta y muchas comodidades, pero no por ser de la ciudad se rechaza lo hermoso de convivir, experimentar situaciones y trabajos en el campo, porque algo hay que recordar, se quiera o no se quiera.

“No importa que el que desconoce desconozca, lo que importa es que debe aprender, porque el que conoce no enseña y si desconoces debes pasar roncha como todo ser” así está en la historia y los abuelos y viejos lo saben muy bien.

Próximo Capítulo: El Hermoso Animal

La Visión del Caraqueño




La Visión del Caraqueño
 Capítulo 1- Cuentos Urbanos – Jessica Cedeño
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Queridos compatriotas, ésta columna reflejará las peripecias del caraqueño en sus momentos de esparcimiento en el interior, y quien mejor que la autora de la columna para servir como conejillo de indias en ésta primera edición.

Érase una vez, alguien ignorante de la vida en el interior, es decir yo, que desde pequeña siempre aborrecí un hígado, una sopa de res, y nunca pude ni podré entrar a la sección de venta de carnes del mercado de Quinta Crespo, porque de sólo pensar en el olor aún me provoca vomitar, el asco a la sangre y a ver las cabezas de animales, me hacen pensar lo que no me gusta y que no quiero comprender, pero en ese mismo sentido, los niños caraqueños tampoco saben ni van a saber sino cuando tengan cierta edad, de donde proviene la comida, cuando vean los videos crudos de la globalización, del sistema de mataderos y conozcan sobre el veganismo, se darán cuenta y tendrán su propia concepción de la vida en el interior. Es precisamente por querer a los animales, por ser inocentes al sistema al cual están expuestos en donde debes comer lo que tu mami “te pone” por tener las supuestas proteínas, vitaminas y minerales que el cuerpo necesita, pero en fin los caraqueños somos criados en urbanización, ¿Qué vamos a saber nosotros de animales si estamos en un llano de pavimento? única y exclusivamente si se tiene algún familiar para poder utilizar “la sabiduría del alimento”, alguna experiencia para aprender a cocinar, o se metió en una página web y miente diciendo “soy chef”.

Las verdades crudas no serán sacadas a luz, pero al menos causa de gracia serán, soy caraqueña 100%, mis raices culturales están en Margarita y mis raíces de joda familiar están en Valencia, sin embargo soy de poco salir, y eso es lo peor, no conozco ni el 10% de Venezuela, pero por supuesto, protegida de todo aquello tan bonito de mi país, con una enfermedad precisamente de baja inmunología al sol, a todo lo que me genere calor, a la picadura de insecto, alergia a algunas plantas, a ciertas comidas y a especias como el picante, debo llevar a todas partes mi propia comida, así sea enlatados, galletas de soda, verduras y demás, nunca ingiero las comidas locales y que se vean “sabrosas” para algunos pero espantosas para otros, porque de seguro deben haber notado que el estómago caraqueño no es el mismo de alguien perteneciente al sitio al que van, porque termina enfermo, pegado en un baño o haciendo en el monte.

Todos tienen historias, y cada historia tiene su fondo, cuando tenía 8 aprendí que mi animal favorito (el loro) tiene muchas vitaminas,y más fue la impresión de ver a joseito tendido y muerto e imaginarme que fue al cielo que pensar que se podía comer, igualmente fui para la casa de un tio, no recuerdo el estado, donde comí lapa y hasta el día de hoy no he ingresado a internet para no saber como es su forma física, hay cosas de las que me coibo para comer, ciertamente se preguntarán ¿y qué comes tu? O ¿Qué dices y haces cuando te ofrecen comer carne, o peor, por ser educada, lo rechazas o te lo comes?¿qué haces?, sencillo “no me lo puedo comer”, “no tengo hambre”, “me duelen las muelas”, “no como carne”, e incomprensiblemente  me llevo la contraria comiendome un caraqueño y vulgar perro caliente, pero es la costumbre, apuesto a que todo sería diferente si no hubiera nacido en Caracas.


Próximo Capítulo : La Roncha