La
Visión del Caraqueño
Cuentos Urbanos – Jessica Cedeño
Ésta columna reflejará las peripecias del caraqueño en sus momentos de esparcimiento en el interior y viceversa, todos son escritos de la cruda realidad pero considérenlo algo más que el reflejo de lo que no hemos visto, leído y contado, algo refrescante para la mente obstruida, la mayoría de estas historias son personales para un fin de humor y algunas veces de reflexión.
Capítulo 2- La Roncha
Buenas, buenas, es como se saludan en Caracas, meramente para no tener que pasar por cada persona y saludar propiamente con un besito; esa es una de las condiciones para ser caraqueño, ser en algunos aspectos o en todos algo flojo, no se ofendan al leerme, pues el sentido al que me refiero de la definición de flojo, es que flojo es distinto de holgazán o mamarracho, el venezolano algunas veces llega a ser holgazán, pero también puede ser un poco pila, más bien rolo e' vivo, así que unos son holgazanes y mamarrachos, otros embusteros, ridículos, mete excusas, mojoneros y demás, pero esa lista es larga y no crean que las mujeres no entran allí, están todos y todas a la par en cuanto a la flojera diaria.
Si muy bien saben que el trabajo de oficina no es el mismo que el del campo; el clima, la actividad, el estress, la vida cotidiana, el transporte, las comodidades y el quehacer de cada día; que son esos elementos con los que uno se suele aburrir y que entran en el juego vicioso de la rutina, la costumbre y el fastidio influyente y consecuente de nuestras acciones en la vida, son características determinantes en la flojera de cada quien, pero ¿Qué podemos hacer?, si la crianza y lo que se tiene es lo que los hace ser así, no hay remedio y no hay solución, solo disfrutarlo, aprender y reírse de ello.
Existen muchas diferencias entre vivir en el campo y vivir en la ciudad, porque el flojo que trabaja por hacer las cosas rápido, se estresa en la ciudad, tiene pereza de lo que hace todos los días y cuando va al campo, así sea exclusivamente para visitar, pasa roncha sin hacer nada, en cambio el que vive en el campo trabaja con tranquilidad, a su ritmo, se estresa cuando hace diligencias en la ciudad, porque no le gusta, ama su monte, puede pasarla bien y busca sentirse cómodo como en casa, pero ¡que va! Caracas es Caracas y lo demás es monte y culebra, ellos aman su monte y el otro ama el pavimento, así es y así será.
Una de esas diferencias entre el caraqueño y el campesino, o el andino, y otros más, que no se puede dejar pasar es que si no es de Caracas (a excepción de algunos ya urbanizados) es un ser muy inocente, tan inocente que viene a Caracas y es fácil de manipular, pero así como ellos son fáciles de manipular, los caraqueños son fáciles de torturar, porque cuando una persona caraqueña se dirige a cualquier zona del país, tiende a pasar las mil y una; pues por si sola la naturaleza les hace pasar la roncha milenaria, por no ser, vivir o pertenecer a esos pueblos del interior, y sencillamente se lo merecen, porque no están acostumbrados a eso; hay que estar claros, en esos sitios pasamos trabajo sin realizar trabajos, queda demostrada la plena flojera ante los ojos de cualquiera, que el trabajo de oficina es inferior al trabajo de campo, lo único que lo diferencia es la tolerancia y la paciencia, entonces no se hace nada comparado con la gente que trabaja la tierra, y es más cansón para el del pavimento aguantar la pepa de sol y muchas cosas más, que estar en el ajetreo citadino constante.
Cuando uno está en la cama del campo el primer día, ve las luciérnagas y escucha a las chicharras y dice: “ay! Que fino!”, y con los ojos bien pelaos, pasado los 15 min dice: ¡Cállense, quiero dormir! (palabras no textuales y no bonitas); lo pican los zancudos, la medio almohada y el colchón incómodo, la soledad, el silencio de la profundidad infinita de aquel espacio abierto, aquel calorón o el mamarro e' frío, según sea el sitio, se vuelve loco, se sienta, algo le pasa por los pies, se asusta, sube los pies, brinca y dice: ¡Mierda!, y al fondo escucha: “eso jue un mapurite, un animalito muy común por esta zona”, y después escucha aquella leyenda llanera, andina... etc, etc, etc. de los espíritus del sitio que cuentan los dueños de la casa, y chorreao con el olor de mapurite en el cuarto, ¡no se puede dormir!, ¡toma 7 tasas de café!, del café que no se quería tomar, se sienta y hay cucarachas o escarabajos y chicharras alrededor, no puede salir porque hay culebras afuera, y pare de contar las infinitas torturas, pobrecito, es lamentable pero roncha es roncha.
Todo lo que pasa cuando no está en su camita con su colcha o sábana, que no rechina, con toda la contaminación en donde no se ve sino la misma estrella de todos los días, descalzo, en pelotas, con aire acondicionado, el mismo perrito de al lado ladrando, el agua bien friíta de la nevera, el microondas y finalmente la mega ducha y la poceta de porcelana marca wachuwachu yeah que compró en una tienda hyper mega guao; bueno... esa es la manera más sensata de decir, que cagada; las raíces de uno saben qué es un árbol de onoto, qué se hace con eso, cuáles son sus funciones y el que pelea con la naturaleza es el hombre, para lograr conseguir esa estabilidad en el mar de stress que carcome desde adentro llamado “Lujos” que quita el sueldo y a veces a los que más necesitan de uno, pues están sentados en una computadora googleando estupideces, totalmente enajenados a la realidad, muy bien, sigan así porque así seguirán el resto de su vida, totalmente “urbanizados”.
Simplemente es triste pero cierto una vez que te urbanizas tiendes a ser más flojo, a tener más ropa, sigues siendo un animal, con semiclase pero animal al fin, con la tecnología de punta y muchas comodidades, pero no por ser de la ciudad se rechaza lo hermoso de convivir, experimentar situaciones y trabajos en el campo, porque algo hay que recordar, se quiera o no se quiera.
“No importa que el que desconoce desconozca, lo que importa es que debe aprender, porque el que conoce no enseña y si desconoces debes pasar roncha como todo ser” así está en la historia y los abuelos y viejos lo saben muy bien.
Próximo Capítulo: El Hermoso Animal